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Este viernes llega a las salas de cine españolas Invictus, la nueva película de Clint Eastwood, que nos presenta un episodio deportivo inolvidable, donde Mandela y el capitán de la selección de rugby sudafricana unieron a más de 40 millones de personas bajo un único color, el de la igualdad.

Aquel día, un partido de rugby se convirtió en el momento más trascendente de la historia de Sudáfrica. Un fogonazo de reconciliación jubilosa en la que hasta entonces era la nación con mayor división racial del mundo.

Desde 1948 hasta 1994 una minoría blanca, un diez por ciento de la población, subyugó a la mayoría negra, un 90 por ciento, auspiciados en uno de los regímenes más atroces del siglo XX, el apartheid.

Guerra, muerte, campos de concentración, opresión y racismo. A la par de la sinrazón de Hitler o Stalin, Sudáfrica fue un ‘estado de sitio’ en el que negros, indios y mestizos eran considerados ciudadanos de segunda o sencillamente animales.

Las leyes establecían zonas segregadas tales como escuelas, hospitales, autobuses y hasta bancos en los parques públicos; y por supuesto el deporte no escapó a las divisiones sociales: los negros jugaban al fútbol; la población blanca practicaba el rugby y el criket. Estos dos últimos monopolizaban los canales deportivos de televisión, mientras el deporte Rey era despreciado por las clases pudientes y gobernantes del país.

Este verano la Copa del Mundo de fútbol de Sudáfrica verá sus estadios abarrotados de banderas nacionales, estridentes trompetas y miles de seguidores de todo color y condición. Hoy sigue siendo un país pobre, pero donde las diferencias sociales las marca el dinero y no el color de la piel, algo que no sucedía hace sólo 15 años.

El puente lo abrió la Copa de Mundo de rugby en 1995. Nelson Mandela, presidente del país hacía apenas un año, hizo causa común con Francois Pienaar, el capitán blanco de la selección sudafricana de rugby, los Springboks, transformando un deporte que había sido un símbolo de división racial en un instrumento de unidad nacional.

El rugby no sólo era un deporte exclusivo de blancos. Para los sudafricanos negros era el mazo opresor de su gente, era la gran pasión de los blancos y su seña de identidad. Desde allí forjó Mandela su reconquista del país. “Antes del partido inaugural vino a nuestra sesión de entrenamiento en Silvermines en Ciudad del Cabo para decirnos, hola, lo trajo un helicóptero y nos saludó a todos”. “Lo llamábamos Madiba Magic, él tenía la magia, tenía el aura. Yo estaba impactado por su humildad”, explicó Pienaar días después.

El día del partido

Aquella mañana Mandela vestía la camiseta de los Springboks, de color verde, el color de la dominación blanca, en esa camiseta lucía el número 6, el de Pienaar. Cuando entró en el estadio el silencio ahogó todo lo demás: saludó uno por uno a las formaciones de ambos equipos, cuando un rugido unánime cruzó todo Sudáfrica y 72.000 personas rompieron a gritar: “Mandela, Mandela”.

“En ese momento nos dimos cuenta que había un país entero detrás nuestro, y que este hombre tuviera puesta la camiseta de los Springboks era un signo, no sólo para nosotros, también para toda Sudáfrica”, comentó días después el medio melé Joost van der Westhuizen. Aquel sentimiento cruzó la nación y casi 40 millones de personas empezaron a remar en una sólo dirección.

Desde los guetos más oscuros de Johanesburgo, pasando por la colonial Ciudad del Cabo, hasta la capital Pretoria; negros, blancos indios y mestizos abrazaron el mensaje de Mandela y llevaron en volandas al equipo nacional, que disputó la final ante los por entonces invencibles All Blacks de Nueva Zelanda.

Una imagen que cambió la historia

El partido fue un ejercicio de fe de los Springboks, con pocos recursos técnicos y netamente inferiores en el juego ofensivo, llevaron el choque a su fuerza defensiva: la línea sudafricana resultó inexpugnable y todos los puntos llegaron de patada, no hubo ni un sólo ensayo. El partido acabó 9-9 y en el tiempo extra y a falta de siete minutos para el final, con un drop, Joel Stransky puso el 15-12 para Sudáfrica.

La imagen de Mandela entregando el trofeo a Pienaar se transformó en una de los momentos más importantes del siglo XX, con una sonrisa satisfecha y el estadio vitoreando su nombre Mandela le dijo a Pienaar: “Gracias por lo que habéis hecho por nuestro país”. Y éste le contestó: “Esto no es nada comparado con lo que ha hecho usted“. Un gesto que simbolizó nada menos que el fin del apartheid.

Aquel fue un día en que la pasión, los deseos de grandeza y el lenguaje universal del deporte rompieron los enquistados tabúes de una nación que hoy vive sumergida entre el sida, la pobreza y la corrupción. La Copa del Mundo de fútbol del 2010 será una prueba de fuego para un país que abandera los pocos progresos del continente africano.

Quizá Sudáfrica esté a la puertas de otro milagro. Y Ojalá lo podamos presenciar este verano.

 

  1. Hola, me ha gustado mucho este tema, la verdad es que no tenía mucha idea de los sucesos de discriminación racial que se producen en estos países, y nada más y nada menos que ¡la que va a albergar el próximo mundial de futbol en 2010!, bueno y que más se puede decir de un persona como Mandela, presidente de ese país y que ha intentado unir mediante un deporte a sus ciudadanos, me parece una persona muy noble, y habría que felicitarle por el valor y el coraje que a demostrado tener, y sin duda momentos muy emotivos los que vemos en los videos.¡Muy buen tema el que has escogido!

  2. Me ha gustado mucho el tema puesto que trata sobre deportes y sobre como estos pueden unir a distintas culturas.

  3. Sin duda, un tema muy importante, el de la discriminación racial. Nelson Mandela es un buen ejemplo de buena persona al intentar unificar a sus conciudadanos de distinta raza

  4. Muy buen trabajo Manuel es tema muy interesante el de la discriminacion que hay en la actualidad, muy completo tu trabajo con videos, enorabuena. Un saludo

  5. Muy bueno e interesante, ademas de hablar de la historia de este deporte hablas tambien del racismo y la discriminación, añadiendo informacion sobre el presidente Mandela que abrio las puertas a la lucha contra el racismo


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